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El arte, ese genio que surge en cualquier lado

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El arte tiene muchas manifestaciones, y su genio, ese genio que inspira, que mueve a realizar obras única y fabulosas, puede surgir en cualquier parte. Y qué mejor que, cuando surge, manifestarlo en donde el artista se encuentre.  Estos leones de arena los fotografié en una playa de la ciudad balnearia de Mar del Plata, en la provincia de Buenos aires, Argentina. El león, custodiando a la familia; la leona, cuidando de la Tierra delante de un escenario de pirámides egipcias, tan misteriosas y fascinantes como estas esculturas. Detrás, descansado tras su obra, su creador.

Imaginación

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     Nada más placentero que ver a un niño jugar. La imaginación y el poder de abstracción de los niños no tienen comparación. Cualquier objeto, cualquier entorno, puede ser para ellos, un juguete o un escenario para sus juegos.       En este caso, para este niño, capturado por mi cámara en la ciudad de Salta, el cantero situado en el centro del patio del Museo de Historia de dicha ciudad, seguramente se había convertido en una isla o una selva donde, las figuras de acción de sus superhéroes preferidos, estarían llevando a cabo alguna peligrosa misión contra un poderoso supervillano. 

Ritual en el Pelourinho

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     Es bien sabido que Brasil es uno de los países donde más arraigado está el sincretismo en la religión. La gran población afrodescendiente, producto de la prolongada esclavitud que se practicó en ese país, ha preservado aquellas prácticas religiosas adoptadas por sus antepasados donde amalgamaron ritos africanos con los del credo cristiano y otras costumbres indígenas. El umbanda, el candomblé son algunos de los exponentes surgidos. Esto es algo que todo el mundo, más o menos, conoce o ha oído nombrar. Sin embargo, ver algún tipo de estos rituales en plena vía pública no deja de llamar la atención.       Esta fotografía la tomé en el Pelourinho, el casco histórico de Bahía, en Brasil. No puede evitar tomar una instantánea de esa ceremonia que estaban practicando a pocos metros del elevador, con cánticos, bailes y, sobre todo, mucha alegría. 

Ajedrez en los jardines de Luxemburgo, París.

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  El ajedrez ha sido siempre un juego misterioso para mí. Conozco la reglas, los movimientos de las piezas, pero me resulta difícil de jugarlo con un mínimo de maestría. En principio, carezco del más absoluto sentido de la estrategia.  Pero además, es un juego íntimamente ligado a las matemáticas, disciplina indescifrable para mí.  Debe ser por eso que me fascina ver jugar ajedrez. Y verlo jugar en los parques o plazas, me parece mágico. Me trae recuerdos de mi niñez, en mi barrio de Barracas, en tiempos en que los vecinos salían a las puertas de sus casas con sus sillas y compartían las tardecitas o las noches cálidas. En aquellos tiempos, mi padre y un vecino, Beto, solían jugar al ajedrez hasta la madrugada en la calle. Los dos sentados, concentrados en las piezas, mesita de por medio, en silencio, o apenas realizando escuetos comentarios sobre alguna jugada. Desde mi visión de niño, creía estar en presencia de dos sabios y soñaba con, algún día, imitarlos. No me fue p...

Fotografiar lo llamativo cotidiano.

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Hace poco, y yo diría por casualidad, aunque tal vez esta pasión haya estado latente dentro de mí desde siempre, descubrí la fotografía urbana: captar un momento, un instante, llamativo, curioso, de la vida cotidiana de las calles de las ciudades. Por encima de la técnica, por encima de la calidad de la tecnología utilizada, se trata de captar instantáneas de personas, hechos, situaciones urbanas en el momento preciso en que suceden. La fotografía urbana no conlleva una preproducción, ni la utilización de iluminaciones o filtros determinados. La fotografía urbana es cruda, no premeditada, es inmediata, es fiel. Siempre fui curioso de las personas y sus comportamientos, espero poder plasmar en las fotos esa curiosidad que me moviliza, de la misma forma que me llevó a escribir.